La palabra Cáritas es un
término que procede del latín Charitas (Caridad) y
que significa amor.
En su primera carta San Juan expresa con claridad el centro de la fe
cristiana cuando dice “Deus Caritas est (Dios es
Amor)”. Este es un
amor que se encuentra vinculado con el amor al prójimo que se convierte
en un camino para encontrar a Dios, por lo que la caridad adquiere una
doble faceta, la del amor a Dios y la del amor al prójimo, por lo que
Cáritas es el nombre que se ha querido dar a la expresión organizada
del amor del Pueblo de Dios, a los más pobres entre los seres
humano [1]. Así Cáritas es
el organismo oficial
de la Iglesia católica para la realización de la acción caritativa y
social en sus diversos niveles: parroquial, diocesano regional y
nacional, como expresión de la opción preferencial de la Iglesia por
los más desfavorecidos.
La identidad y misión de Cáritas atiende a lo que somos, a lo que vamos
siendo y a lo que debemos ser. La identidad de Cáritas constituye la
clave fundamental desde la que realizamos la lectura de la realidad
social y el diseño de la estructura de nuestra organización. La razón
última de la existencia de Cáritas es ser expresión de amor
preferencial de Dios por los pobres.
Cáritas, como organismo de la Iglesia, es promovida, erigida y animada
por los Obispos para cumplir el ministerio de la caridad que a ellos
les corresponde. El ministerio de la caridad fundamenta el amor
preferencial de la Iglesia por los pobres; contempla cuatro dimensiones:
Dimensión
eclesial:
El ministerio de la caridad se integra en la
Iglesia particular y en cada una de sus comunidades como elemento
fundamental de su vida y misión. Cáritas es expresión de la opción
preferencial por los pobres, estimulando la participación de los
fieles. La comunidad realiza íntegramente su misión cuando anuncia el
Evangelio, celebra la fe y ora y sirve con amor a los hermanos más
necesitados.
Dimensión
evangelizadora:
La Iglesia existe para evangelizar, Cáritas
realiza el ministerio de evangelización, al promover el amor
preferencial por los pobres, y el acercamiento de la Iglesia a los
pobres y a la sociedad entera.
Dimensión profética:
El amor preferencial de la Iglesia por los pobres
pide su liberación y exige asimismo el compromiso con la justicia. El
compromiso en favor del reconocimiento efectivo de todos los derechos y
de los derechos de todos es el camino hacia una sociedad solidaria y
justa. La caridad pide una solidaridad que busca reducir la desigualdad
entre ricos y pobres.
Dimensión universal:
Cáritas tiene que suscitar en la comunidad
cristiana y en la sociedad el compromiso de la solidaridad con todos
los pueblos del mundo, sin distinción de lengua, color o procedencia.
Dios Padre ama a todos y hace hermanos a todos sus hijos. El fruto de
la injusticia y explotación que es el Tercer Mundo se ha convertido en
el paradigma, en el reto universal, desde el que hay que analizar y
jerarquizar todas las otras injusticias de nuestra sociedad.
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[1] PELLICER, Salvador,
Cáritas. Más que una ONG. Folletos Cáritas núm. 1. Cáritas Editores,
Madrid 2000.
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